El envejecimiento normal produce una serie de cambios que se presentan asociados a un declive general de las funciones fisiológicas. Como consecuencia el cerebro va perdiendo agilidad en sus funcionalidades y por tanto el rendimiento cognitivo se ve afectado, especialmente la memoria y las funciones ejecutivas.
A partir de los 60 años, muchas personas, se jubilan, dejan de trabajar y esto puede llevar a que tengan menos estímulos ambientales, y por tanto cognitivos (menos operaciones mentales, menos problemas para resolver, menos tareas que planificar…) y emocionales (menos satisfacciones por logros laborales conseguidos, o por elogios recibidos…). Como decía Donald Hebb (1949) sobre la plasticidad neuronal, ‘úsalo o piérdelo’, de manera que ejercitemos el cerebro para que no pierda su funcionalidad tan rápidamente.
A menudo pensamos que nosotros no necesitamos estimulación cognitiva, es decir, que no necesitamos ejercitar nuestro cerebro de forma expresa, que únicamente lo necesitan hacer las personas que sufren algún tipo de demencia, o alguna lesión cerebral. Esa idea es debida a que se cree que la estimulación cognitiva sirve solamente para restablecer funciones que hemos perdido. Pero es un error pensar así, ya que la estimulación cognitiva en grupo, individualmente o por medio de un ordenador nos ayuda a mejorar y optimizar nuestro rendimiento, y a frenar el declive natural debido al envejecimiento que sufre nuestro cerebro, o al menos, así lo demuestran numerosos estudios al respecto.
Recientes estudios apuntan que recibir estimulación cognitiva en pequeños grupos de pacientes con demencia, ayuda a mejorar las funciones cognitivas afectadas. Se plantea también la estimulación cognitiva a través de los ordenadores con programas pensados para este propósito como FesKits, para frenar el declive de las funciones de las personas afectadas con algún tipo de demencia y déficit.
Seguramente todos nos hemos quejado de nuestra memoria en algún momento, sobretodo de nuestra capacidad de evocación para recordar… pero para mejorarla, hay que trabajar sobre ella. Un estudio de Schaie y Willis demostró que aún en la vejez se puede trabajar la plasticidad cerebral, ‘una intervención adecuada puede prevenir o disminuir los problemas de memoria’.
Pues no nos olvidemos de trabajar nuestras funciones cognitivas y especialmente ejercitar la memoria, ya sea en grupo, individualmente o por ordenador, a la larga nos ayudará a tener una mejor calidad de vida.

























